A finales del 1944 comenzaron a registrarse una serie de incendios y extrañas explosiones a lo largo de la costa oeste norteamericana. Los avistamientos de unos extraños globos habían despertado las alarmas del ejército americano. Supuestamente, eran japoneses, pero nadie sabía desde donde eran lanzados. Unos creían que los soltaban desde submarinos y otros que eran la obra de algún norteamericano de origen japonés renegado.

En la década de 1920, los japoneses habían descubierto la existencia de una fuerte corriente de aire que circulaba a gran velocidad y altitud sobre su país. La corriente soplaba a 9.150m de altura y era capaz de transportar grandes globos a través del Pacífico, unos 8.000km en tan sólo 3 días. Posteriormente, se descubrió que existían otras corrientes de este tipo y se usaría el término corriente en chorro para referirse a ellas. Sin embargo, en un primer momento, el descubrimiento japonés pasó inadvertido en el extranjero.
Varias décadas después, el general Sueyoshi Kusaba llevaba tiempo trabajando con sus colegas del Laboratorio Técnico del Noveno Ejército Japonés en unas bombas globo (fusen bakudan, en japonés). Su idea era construir unos globos capaces de aprovechar esa corriente en chorro para llevar bombas incendiarias y explosivas hasta los Estados Unidos. Una vez en territorio norteamericano, las bombas podrían destruir edificios, causar muertes y provocar incendios. Por un lado, se pretendía crear un clima de psicosis y pánico entre la población civil y, por otro, obligar a los americanos a traer tropas y recursos desde el frente para luchar contra los grandes incendios forestales que los globos pudieran provocar.
El plan era, en cierta manera, la respuesta japonesa a los bombardeos americanos sobre Japón de la Operación Doolittle. Los ataques no causaron daños graves, pero encendieron los ánimos de venganza entre los nipones.
Antes de poner en marcha el plan, sin embargo, quedaban muchos problemas técnicos por resolver. Un globo de hidrógeno se expande a causa de la luz y calor solar, y se contrae cuando se enfría durante la noche. Los ingenieros idearon un sistema de control que en función de un altímetro dejaba ir lastre. Cuando el globo descendía por debajo de los 9km, el sistema dejaba caer mediante una señal eléctrica un par de sacos de las tres docenas que llevaba. De manera similar, cuando el globo se elevaba por encima de los 11.6km, el altímetro accionaba una válvula que dejaba escapar hidrógeno.
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En estas imágenes vemos como cuando la velocidad del jet-stream disminuye pueden formarse borrascas y anticiclones. Cold=masa de aire frío; Warm= masa de aire caliente.
La segunda Guerra Mundial fue una tragedia para la humanidad, un tremendo desastre, como todas las guerras, pero como ocurrió en la primera, incluso de forma más notable, hizo que la meteorología recibiera un gran impulso. En el transcurso de la misma, cuando los bombarderos norteamericanos se dirigían hacia el Japón sobrevolando el Pacífico a una altura de unos 36.000 pies (casi 11.000ms), en dirección este a oeste, a veces se encontraban con que, pese dar la máxima potencia a los motores, prácticamente no avanzaban, al impedírselo el fuerte viento que soplaba en sentido contrario. En ocasiones los ponía en situaciones comprometidas al dejarlos en estado casi estacionario encontrándose a tiro de las posiciones de los contrarios. Si se desplazaban hacia el este o el oeste o bajan el nivel de vuelo y mantenían la misma dirección recuperaban la velocidad al salirse de la zona de influencia de esas corrientes que eran como “ríos de aire” dentro de otros bastante menos intensos. Era algo parecido a lo que puedan ser las corrientes marinas, pero en el seno del aire. El profesor Rossby, de la Universidad de Chicago, lo denominó “jet stream” y se tradujo en castellano como “corriente en chorro”, aunque en el argot de quienes nos dedicamos a la meteorología lo llamamos, sencillamente, “chorro”.
Existe la fundada creencia de que los japoneses también se percataron de la existencia de dichas corrientes, y lo pone de manifiesto el hecho de que lanzaron desde su país grandes bombas incendiarias con un dispositivo barométrico con el fin de que fuesen empujadas por esos fuertes vientos e hiciesen explosión en territorio enemigo. Bien es verdad que el experimento no tuvo resultados prácticos para sus fines pero, como decía, es señal inequívoca de que habían descubierto el fenómeno.
Al terminar la contienda, y ya con más calma y sin los peligros que la misma llevaba acarreados, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) se dedicó a estudiar minuciosamente la circunstancia y define la corriente en chorro como “una fuerte y estrecha corriente concentrada a lo largo de un eje casi horizontal en la alta troposfera o en la estratosfera, caracterizada por una fuerte cizalladura horizontal y vertical del viento, presentando uno o más máximos de velocidad”. Normalmente, una corriente en chorro discurre a lo largo de de varios miles de kilómetros, con una anchura de cientos de kilómetros y un espesor de tan solo unos cuantos. La velocidad media de los vientos, puede llegar en ocasiones a superar los 200 Km/h.
Como es natural, no vamos a entrar en profundidades, pero les diré que es como un tubular que circunda la Tierra, que presenta ondulaciones y crestas y que no es continuo, existiendo zonas en las que desaparece. Además, no es un solo chorro el que existe y tienen una marcada influencia en los fenómenos meteorológicos que se producen, de ahí que fuese fundamental su descubrimiento y que sea de gran importancia, asimismo, estudiar a diario sus posiciones y sus características para poder predecir el tiempo. Como dato curioso señalaremos que en muchas ocasiones los aviones que vuelan desde la Península Ibérica a Nueva YorK o Miami, por ejemplo, se tienen que desplazar hasta las proximidades de Groenlandia para sortear a la corriente en chorro.
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En la zona templada en la que se sitúa España, la circulación atmosférica en altura está dirigida por la corriente en chorro o jet stream, se trata de una fuerte corriente de viento, de estructura tubular, que circula en dirección oeste-este entre los nueve y los once kilómetros de altitud. Es la responsable del tiempo en superficie. Este depende de las variaciones que experimenta la velocidad de la corriente y de sus desplazamientos estacionales.

Gran aporte, muchas gracias.^_^